Probablemente busque una cifra: «un accidente laboral cuesta de media X euros». Esta página no se la va a dar, y es a propósito.
No porque no circulen cifras —circulan muchas— sino porque una media no sobrevive a la primera pregunta seria de una dirección financiera, que será: «¿de dónde sale eso?». Una media nacional, sobre todos los sectores, todas las gravedades y todos los tamaños de empresa, no dice nada del accidente del que usted está hablando.
Lo que sí sobrevive a esa pregunta es una lista de líneas que la persona que tiene enfrente puede discutir una a una. Cuesta más construirla. Es la única versión que consigue un presupuesto.
El recargo de prestaciones: la cifra que cambia la conversación
Antes de sumar nada, esto.
El artículo 164 de la LGSS establece que todas las prestaciones económicas derivadas de un accidente de trabajo se aumentarán, según la gravedad de la falta, de un 30 a un 50 por ciento cuando la lesión se produzca por máquinas, artefactos o instalaciones que carezcan de los dispositivos de precaución reglamentarios, los tengan inutilizados o en malas condiciones, o cuando no se hayan observado las medidas generales o particulares de seguridad y salud en el trabajo.
Y el apartado 2 del mismo artículo cierra la puerta que todo el mundo intenta abrir a continuación: la responsabilidad del pago recae directamente sobre el empresario infractor, y es nulo de pleno derecho cualquier pacto, contrato o seguro que pretenda cubrirla, compensarla o transmitirla.
Tres consecuencias que conviene tener claras antes de una reunión:
No hay póliza que lo cubra. Ninguna. Es la única exposición de esta página que no se puede transferir a un tercero, y por eso es la que hay que poner delante cuando alguien propone «asegurarnos y ya está».
Se calcula sobre todas las prestaciones, no sobre un daño puntual. Cuando detrás hay una incapacidad permanente con pensión vitalicia, el recargo se aplica sobre esa pensión, y el importe capitalizado no se parece a nada más de esta hoja de cálculo.
Depende de si la prevención estaba hecha, no de la mala suerte. Lo que se examina es si faltaban medidas: evaluación de riesgos ausente o desactualizada, protección inexistente o anulada, formación no impartida, equipo sin revisar. Es exactamente la lista de cosas que su presupuesto de prevención financia.
Y no viene solo. El recargo es compatible con la responsabilidad administrativa de la LISOS, con la civil por daños y, en su caso, con la penal. Son vías distintas que no se descuentan entre sí.
El coeficiente multiplicador, y por qué no está aquí
Habrá visto la regla: «los costes indirectos son tres a cinco veces los directos». Está en todas partes: en la formación, en los folletos, en las presentaciones de proveedores.
Tiene dos problemas.
Está mal documentada. Procede de trabajos antiguos, en contextos industriales y sistemas aseguradores que no son los actuales. Lo que se midió una vez, en algún sitio, se convirtió en constante universal por repetición.
Y le deja sin defensa. Un total obtenido multiplicando por cuatro se desmonta en una frase: basta con discutir el coeficiente y se cae todo. Un total construido con doce líneas se discute línea a línea, y aunque le quiten tres, quedan nueve.
Por eso esta calculadora le pide valorar cada partida. Es más pesado. Es lo único que aguanta.
Lo que verá en una factura
El complemento salarial durante la baja. La parte que paga usted por encima de la prestación de incapacidad temporal, más cotizaciones. Mire su convenio antes de estimar: muchos obligan al 100 % desde el primer día, lo que cambia el orden de magnitud.
La sustitución. ETT, contrato temporal, horas extra del equipo. Y si nadie sustituye, no es cero: es el valor de lo que no se produjo.
Los daños materiales. Máquina, producto, limpieza, reparación, retirada. Se olvida sistemáticamente porque cae en una partida distinta de la de prevención.
El recargo, si procede. Déjelo vacío si no sabe estimarlo — y entonces trate el resultado como un suelo, no como un techo.
Lo que nunca se imputa al accidente
El tiempo de investigación. Mandos, servicio de prevención propio o ajeno, delegados de prevención, dirección. Una investigación seria de un accidente con baja son decenas de horas acumuladas. Valórelas a coste horario completo: son horas que no se dedicaron a otra cosa.
La gestión administrativa. Parte de Delt@, relación con la mutua, posible discrepancia, seguimiento del expediente durante meses.
La formación del sustituto. Acompañamiento, menor rendimiento durante el aprendizaje, mermas y reprocesos. En un puesto técnico se cuenta en semanas.
La desorganización. Parada de línea, retraso de entrega, penalizaciones, replanificación. En industria es casi siempre la partida mayor, y casi nunca se calcula porque queda diluida en los indicadores de producción.
El efecto en el equipo. Caída de rendimiento, absentismo en las semanas siguientes, rotación. Difícil de valorar, lo que no justifica un cero: ponga una estimación baja y diga que lo es. Una estimación declarada como tal es creíble; presentada como un hecho, no.
Construir el expediente
La calculadora encadena cuatro preguntas, y la tercera lo decide todo.
- ¿Cuántos accidentes comparables al año? Sea prudente. Una cifra inflada es lo primero que le discutirán.
- ¿Cuánto cuesta la medida, una vez? Equipo, instalación, ingeniería, formación asociada.
- ¿Qué reducción espera? Es la cifra más frágil de la página y es suya. Diga de dónde sale: una promesa de proveedor y un resultado medido en una línea piloto no son la misma prueba. Si no lo sabe, use un valor deliberadamente pesimista y demuestre que aun así el expediente se sostiene. Convence mucho más que un escenario optimista.
- ¿Cuánto cuesta cada año? Mantenimiento, consumibles, revisiones, y el tiempo que la medida añade a la tarea. Esta última parte siempre se olvida, y es la que decide si dentro de seis meses la medida se estará esquivando.
El retorno que sale de ahí no es una previsión: es una forma de poner por escrito las hipótesis que de otro modo quedarían implícitas, y de dejar que su interlocutor las discuta. Que es justo lo que se le pide a un expediente.
Tres argumentos que pesan más que la cifra
Lo que no se recupera. Un accidente grave no es un gasto, es una ruptura: una persona que no vuelve al mismo puesto, un equipo que lo vio, una inspección, a veces un procedimiento penal. Ninguna tabla lo expresa, y hay que decirlo aparte.
La comparación sectorial. Sitúese frente a su CNAE en las estadísticas de siniestralidad. Situarse habla más que un importe absoluto.
El coste de no hacer nada, con fecha. Un expediente que dice «este riesgo nos costó X el año pasado y volverá a costarnos X este año si nada cambia» tiene un vencimiento. Un expediente sin vencimiento se aplaza.
Lo que la herramienta no hace
No es un presupuesto. Suma lo que usted introduce y no conoce su convenio, ni su tarifa de primas, ni cómo imputa horas su control de gestión.
No guarda nada y no envía nada: los importes no salen de su navegador. Aquí importa más que en otras páginas, porque son cifras que no conviene que circulen antes de estar cerradas.
Y no sustituye a su control de gestión. El mejor uso de esta página es sacar de ella una lista de partidas e ir a pedir los importes reales a quien los tiene — con un efecto secundario útil: pasan a ser parte del expediente.
Si su método es mejor
Esta página describe una manera de calcular, no la única. El coste de un accidente es precisamente el terreno donde los técnicos que consiguen presupuesto han inventado sus propios métodos: una plantilla validada con administración, un coste horario completo pactado de una vez, un cuadro de mando que sigue el coste acumulado en lugar del número de partes.
Si tiene uno que consigue firmas, es exactamente lo que este sitio existe para recoger y devolver a la profesión.